Al ser consciente de mi bautismo y de los Dones que por la Gracia del Espíritu Santo me fueron dados, se experimenta una sensación de gratitud y al mismo tiempo de responsabilidad, es hermoso reconocerse hijo de Dios, amado y escogido por Él, al mismo tiempo la responsabilidad de ser un fiel creyente y participar activamente de la Iglesia, comunidad donde se manifiesta ese amor.
En el sacramento de la reconciliación experimento la bondad y piedad infinita de Jesús, me siento acogido, escuchado, siento como mi corazón vuelve a estar en paz con el Señor, me siento amado por Él y es motivo para mi de gozo y alegría.
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