Les demuestro amor a los niños cuando la catequesis la preparo con anticipación, cuando soy responsable en mis deberes como catequista, llegar puntual, tener un lugar adecuado (limpio, organizado); también cuando me preocupo por el bienestar de cada uno de ellos, cuando llegan y yo los saludo uno a uno.
No les demuestro amor en esos momentos en los que no soy tolerante ni paciente con ellos, también cuando tomo medidas drásticas frente a la disciplina.
La verdad, en ocasiones la catequesis pierde su horizonte y se va más por el lado de la disciplina que por mostrar a nuestro Señor Jesús.
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