La experiencia que he tenido en la providencia de Dios:
Dios me provee todo y a través de muchas personas me ayuda. En alguna ocasión veía que no tenía
pantalones buenos y todos estaban muy molidos en la entrepierna, recuerdo que
dije hay Dios mío necesito unos pantalones y al otro día llego mi mamá con
muchos pantalones que la jefe ricachona quería sacar del closet.
Otro día estaba cocinando unos garbanzos y sonó extraña la olla, me
voltee a mirarla y explotó pero no me sucedió nada, no me queme y yo lloraba de
rodillas dándole gracias a Dios por protegerme.
Casi siempre estábamos endeudados en mi hogar, pero cuando tomamos la decisión
de ayudar en la Iglesia como catequistas e invirtiendo parte de nuestro dinero
en la misma, comenzaron a cambiar las cosas y actualmente doy testimonio de
libertad económica e invito a las personas a compartir porque realmente el
mercado me rinde más desde que incluimos donación para los más necesitados.
Yo llamo a cada momento especial: pequeños milagros, a veces rompo en
llanto en las eucaristías porque estoy muy agradecida con Dios por tanta cosas
bellas que me regala y me apeno por no poder corresponder siempre a ese gran
amor que Él me demuestra.
Gracias por tantas reflexiones
tan bonitas y por traer a nuestra memoria momentos tan valiosos y que vale la
pena compartir.
¡Abrazos y Bendiciones!
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