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De las sesiones que diste el año pasado, ¿cuántas fueron muy concretas y
sobre la Palabra de Dios?
¿En cuántas de ellas viste un cambio en los niños?
En el camino de ser discípulo de Jesús, ¿qué es lo que te va a costar
más trabajo?
De 24 sesiones aproximadamente que tuve el año pasado en todas llevé la Palabra
de Dios, pero lamentablemente la leí de las copias que sacaba para desarrollar
la catequesis. No usaba la S. Biblia
directamente para iluminar el encuentro.
A pesar de mi gran error, Dios me premió varias veces mostrándome como
los niños recibían ese llamado a compartir como comunidad, con alegría,
compañerismo, cortesía, etc.
Nunca me preocupé de llevar un registro acerca de los cambios en los niños y no
puedo decir cuántos cambiaron. Tendré
que ser más observadora a ver si la próxima vez puedo decir que mi catequesis
realmente se preocupó por ser más personalizada y ayudar a cada uno de los niños y no a nivel general.
Actualmente si llevo un cirio y lo enciendo en el salón, en oración
antes de iniciar la catequesis invocando la ayuda del Espíritu Santo y tengo
preparada la S. Biblia en algún capítulo o versículo especial que me ilumina el
resto del encuentro, y lo leo directamente de la S. Biblia.
Se evidencia la diferencia entre sacar la Biblia y no sacarla; me
sorprende ver que a veces digo o hago cosas que nunca espere decir o hacer,
aprendo también de cada encuentro y Dios me sigue sorprendiendo.
En el caminar como discípulo de Jesús me he encontrado con una gran
cantidad de cosas que han sido un reto para mí y estas son algunas de las que más
me parecen difíciles:
Difícil hacer cosas buenas y no buscar reconocimientos vanos, manejar el
orgullo, uno espera que algunas veces lo honren por lo que hace o dice y lo
peor es que hay gente que le gusta adular a los demás y no te ayudan para nada
en el progreso.
Difícil perdonar tanto como me perdona mi Padre celestial o reconciliarme
con algunos es muy difícil; pero el ejercicio que me propone Erika en el video
de coger a Jesús de la mano y pedirle su ayuda está bueno, hasta que lo (a)
pueda ver normal.
Difícil ser misericordioso con algunas personas que me generan mucho mal
genio, pero sé que si Dios me tiene donde me tiene, es por su gran misericordia
conmigo y por ello debo ser misericordiosa, Dios!
Difícil que me calumnien y me quede calladita como Jesús ante Poncio
Pilato.
Difícil no ocultarme, sino salir y ser luz.
Difícil no enojarme.
Difícil catequizar los sentidos para: no hacer, no ver, ni oír, ni decir lo que no
nos sirve para el Reino de Dios.
Difícil decir SI o No, sin añadir nada más.
Difícil no oponer resistencia al que me haga el mal.
Difícil dar a todo el que me pide algo.
Difícil a veces no sentir angustia ante las necesidades económicas.
Solo con la ayuda de Dios y su Santo Espíritu lograre mejorar cada día
un poquito más.
¡Que Dios nos siga llenando de tantas bendiciones!
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