sábado, 14 de noviembre de 2015

SESION 4, Parte 2/3

Cuando se pide compartir la experiencia de la Providencia de Dios, me siento afortunada porque he tenido varios casos, algunos de ellos, en mi labor como voluntaria en un albergue durante algunos años, he sido testigo de la mano de Dios en personas muy humildes, de escasísimos recursos y que me daban testimonio con su vida de cosas que no puedo sino catalogarlas de milagros, imposibles en algunos casos para la ciencia pero posibles para Dios para quien no hay imposibles.


Por otro lado, estuve con mi esposo buscando una casa donde vivir durante dos años y medio, sin descanso, varias zonas, varios presupuestos y parecía misión imposible, finalmente encontramos una casita que no era lo que buscábamos pero que servía porque ya no cabíamos donde estábamos porque la familia había crecido. Fueron todo facilidades con este nuevo hogar, todo se dio rodado, de una manera asombrosa. Al cabo de poco se le diagnosticó un cáncer muy complicado a mi suegro, di muchas gracias a Dios por estar en esta casa porque estábamos a pocas cuadras de la casa de mis suegros y pudimos servir de ayuda, cuando mi esposo salía de madrugada por algún inconveniente, me sentía tranquila porque sabía que estaba cerca, que no tenía que recorrer la ciudad, quise pensar que mi suegra se sintió consolada por tenernos cerca, y creí ver que Dios nos quiso ahí mismo, no lejos, sino en esta casita. Aprendí que no debemos rebelarnos contra lo que Dios nos pone delante en algunas ocasiones, aunque no sea nuestro deseo, es el de Él, ser dóciles a su voluntad, sólo puede traernos paz.

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